La Casa Central de la universidad ni siquiera se acerca a la imagen mental que me hice cuando salí de San Juan -no de Collores. Está allí plantado en plena avenida principal. Mezcla de historia y modernidad, tiene sus puertas abiertas. Siempre abiertas. Adentro todo es luz. El Sol se cuela por todos los rincones como si fuera un alumno más. Al entrar, una chica me indicó el camino hacia la Facultad de Comunicaciones. "Sigues derecho, en la segunda a la izquierda y es en el edificio de ladrillo", me dijo. En efecto, el color ladrillo viste la estructura donde iré a aprender. Antes de subir, me atacó el escalofrío. Se me hizo difícil creer que estoy aquí. Pero ya no lo dudo.
Tan pronto abrí la puerta, florecieron las sonrisas. Visnja, la
coordinadora, me recibió como uno más de la familia que parece conformarse entre las paredes de ladrillo. Me indicó dónde ir a pagar, para luego acompañarme a completar el proceso. Una vez allí, llené papeles, solicité el seguro médico y finalmente me entregaron la agenda y el carnet de estudiante. Entonces, ¿sí es cierto que voy a estudiar acá? Mi rostro sonriente en aquella tarjeta parecía contestarme en afirmativa.
coordinadora, me recibió como uno más de la familia que parece conformarse entre las paredes de ladrillo. Me indicó dónde ir a pagar, para luego acompañarme a completar el proceso. Una vez allí, llené papeles, solicité el seguro médico y finalmente me entregaron la agenda y el carnet de estudiante. Entonces, ¿sí es cierto que voy a estudiar acá? Mi rostro sonriente en aquella tarjeta parecía contestarme en afirmativa. Aunque pueda parecer poco, estas horas en la universidad fueron toda una descarga emocional. Se trata de la confirmación de que he logrado llevar a término un proceso. En dos semanas, comienzo otro.
Tras las consabidas caminatas y cambios de ruta en el Metro, llegué de nuevo a la Plaza Egaña. Desde ese punto comienza el camino laaaaaargo hacia la casa. Pero hoy, lo recorrí distinto. Nadie
sabía de mi emoción, pero yo caminaba al ritmo de una música que llevo por dentro: la de la felicidad de saberme aventurero. Hoy, abrí los ojos bien. Como no había calor, pude observar todo a mi alrededor. Me saboreé el viento que chocaba con mis labios a medida que caminaba. Miré bien cómo se dibuja la Cordillera de Los Andes detrás de las casitas. Me detuve frente al parque de fútbol. Estaba vacío... del suelo arenoso parecían brotar los ecos de todos los partidos que se han jugado allí. Más adelante, vi la gente pasar, cada quien inmerso en su propio mundo. Un mundo que yo apenas voy descubriendo. Todos los días, pasito a pasito, caminando...

1 comentario:
Leerte me hace sentirme caminando junto a ti por las calles de Santiago. Hoy me senté en el metro contigo y viajamos a la universidad. Tus vivencias remueven mis sentimientos deseosos de aventuras y nuevos mundos. Gracias por compartirlas con todos. Sigue viviendo Santiago, respirando Santiago, amando Santiago... Mucho éxito. Te quiero mucho y el pelito divertido ya te extraña está en depre... Un abrazote! PiP
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