
Santiago, pensé que a nuestro encuentro me abrazarías, pero no lo has hecho. He sido yo el que ha acariciado tus calles con mis pasos, el que se ha perdido mirando la cordillera que te guarda. Ella sí te abraza.
Tres, esos han sido los días que llevamos conociéndonos. Ya aprendí a viajar por tus venas, por esos túneles del Metro que me hacen escuchar más fuertes tus latidos.
Acá los días pasan lento. Depende del lugar, pueden ser silenciosos o muy ruidosos. Es un pueblo que madruga, ya sea por compromiso o por costumbre. Supongo que lo descubriré luego. De aquí me han impresionado los momentos en que la gente se toca. Casi no existen. Diría yo que es el Metro ese lugar donde el roce indiscreto se hace inevitable. En su interior se zarandean de un lado a otro -al ritmo de frenazos y aceleradas- desde jóvenes universitarios con mochila y iPod hasta profesionales de gabán y corbata... van señoras de casa a comprar y chicas emperifolladas a trabajar. En medio de este bullicio, un boricua, un joven que decidió cruzar el Mar Caribe, los Andes y el Pacífico para sembrarse en medio de Santiago. Y bien que lo he hecho, hasta ahora.
Me he despertado los tres días con la sensación de no saber dónde estoy. Por más raro que

parezca, me fascinan esos segundos de desconcierto. Entonces, no hago más que sentir el frío entrar por la ventana y confirmo que no estoy soñando. De inmediato, abro la cortina y miro hacia afuera. Observo el techo triangular de la casa de enfrente -igual al de todas las demás-, respiro este aire juguetón que tiene la ciudad. Lo demás es bastante común: lavarse los dientes, echarse agua caliente, vestirse y bajar a preparar el desayuno. Una bendición estar en un lugar donde también saben lo que es café de verdad. Nunca como el boricua, pero mejor que el americano. Ya a las 8:00 a.m. estoy listo, leyendo en la sala y a la espera de cuál será el siguiente paso. Ni siquiera cabe preguntar, el próximo destino es el Centro. Ayer, para comprar un celular y cambiar dólares... hoy, para hacer trámites y visitar la universidad. Desde la casa, ya traigo el plano en mi cabeza donde indica todas las rutas y trasbordos que habré de hacer para llegar a los lugares. Si me pierdo -cosa que interesantemente sólo me ha ocurrido dos veces- pregunto. Hasta ahora todo mundo ha sido muy gentil en señalarme el camino. A medida que pasa el día, el fresco mañanero se desvanece. Empieza el rito de quitarse el abrigo. Claro, para mí nunca es demasiado caluroso, porque con este viaje descubrí que en efecto, el Trópico es caliente. Por la calle, la gente anda de prisa, como si tuviesen que alcanzar una meta al final del camino. Debo parecer muy extraño con mi andar pausado, observando todo. Aunque trato de disimularlo, por aquello de no parecer extranjero. Sí, ajá... Desde ayer he tenido encuentros casuales con conocidos, como Burger King, McDonald's... La mano gringa que llega a todos lados del Globo. Y digo gringo, porque así les llaman acá. GRINGO = Yankee jincho y/o colorao' que se cree dueño del mundo. Hasta ahora esa es la descripción que parecen otorgarle los chilenos.
Pero no quiero desviarme... Una vez completadas las diligencias, que acá casi siempre se hacen en la mañana, emprendo el camino de regreso. Línea 1 del Metro hasta Tobalaba, allí me cambio a la Línea 4, me bajo en Plaza Egaña y empiezo a caminar. Camino, camino, camino... es un trecho bastante largo, pero me gusta mucho. Las casas son bellas, y ayer hasta dos perros callejeros se fueron a andar conmigo. Casi siempre llego a la casa con la lengua afuera y la boca seca. Pero siempre me recibe un vaso de jugo. No se toma mucho jugo acá, prefieren las bebidas calientes, como el té o el café.
Y así han pasado tres días en Santiago... uno de absoluto descanso y dos de puro descubrimiento, de husmear entre los rieles del Metro, de aspirar un aire nuevo, de abrir ventanas y derribar paredes. En sentido figurado, claro...
2 comentarios:
pablo bravo has hecho mucho en pocos dias eres un bravo de verdad puro boricua oye y no hay agua embotellada para la sed. espero todo te siga saliendo como ahora sigue adelante voy a ti. te ama mama
Hola Pablo que bueno que te ha gustado tanto, pero como tu futura nutricionista me preocupa eso de que no beben muchos jugos por allá, nada de copiarte de ellos y ponerte a beber muchos té y café. Busca donde puedas comprar jugos, y también lo que dijo tu mamá compra agua. Mira te confieso tengo muchos problemas para escribirte por aquí siempre me dice que tengo la contraseña incoreecta cada vez q te escribo tengo que hacer una nueva.. bueno te quiero
Publicar un comentario