12 de marzo de 2007

Universo...

Abro un ojo, luego otro y ¡zas!, me percato de que era de día. A juzgar por el maltratado celular que yacía en el suelo, intenté obviar la alarma y me tomé un tiempo adicional de sueño de más o menos una hora. Salté como un resorte de la cama y en menos de treinta minutos estaba listo frente a la puerta. Agradecí no ser paciente cardíaco, porque de serlo seguramente habría muerto, y partí en la camioneta del Rene hacia mi primer encuentro con el salón de clases chileno. Iba todo el camino maquinando cómo sería, cómo me saludaría ese aula a mi llegada. Y de tanto imaginarlo, llegó.

Para variar, las puertas de la facultad aún no abrían... Otra vez me adelanté. Pero, sin perder la paciencia, esperé pacientemente en aquella sala. De pronto, empezaron a llegar caras que por ahora no son conocidas, pero que en poco tiempo lo serán. Entramos a las 8:30 en punto. Atrás quedó el "horario puertorriqueño". Somos catorce personas, un grupo que según concuerdan todos los profesores, se caracteriza por la diversidad. Una ecuatoriana, un peruano, once chilenos (entre los que destaca un sexagenario brillante y hambriento de aprender) y un boricua conformamos la plantilla que espera aprobar este Magíster "intenso" -como nos recordaron en veinte ocasiones los distintos docentes.

Al escuchar el acento de mi primera profesora, recordé cómo al salir de escuela superior me dije que quería estudiar en España. Bien, pues a estas alturas no llego a la Madre Patria, pero alguito de ella llegó hasta mí. Esta española -de Barcelona, para ser preciso- se convirtió en la primera cara que se asoma detrás de la maranta que aparenta ser la Escuela de Periodismo de la UC. Casi tres horas se nos fueron teorizando sobre la comunicación, conversando sobre el nuevo periodismo y sentando las primeras bases de lo que habrá de ser este curso "intenso". (Otra vez me acecha la palabra con "i").

Entonces, llegó la hora libre... o debo decir, las tres horas y media. En ese tiempo, se supone, debemos leer, conocernos, conversar, estudiar. Mi estómago boricua -que todavía no se acostumbra demasiado a las costumbres culinarias del Sur- interpretó la libertad como la oportunidad precisa para ir a comer. Como nadie más almorzaría a esa hora, y como estábamos todos con cara de niño que dejan el primer día en Kinder -solo nos faltaba el lagrimón- me fui en el Metro. Me monté en esa caja metálica que poco a poco empiezo a amar y llegué hasta el área de los Paseos. Como ya comenté alguna vez, es algo parecido al Paseo De Diego, pero glorificado. (Imagino que así habrá sido en su momento, mucho antes del Tren Urbano, de la explosión de Humberto Vidal y del nacimiento del murciélago -o sea, Santini. Pero ese es tema para otro blog). Caminé hasta que mis tripas empezaron a guiarme hasta un lugar, cuya decoración me recordaba al circo. Muchos colores vivos, mucha música... en fin, que es un negocio de helados. Allí me senté por fin y ordené un plato de pechuga a la plancha con arroz, ensalada de lechuga, tomate, choclo (maíz), palta (aguacate) y cual si estuviéramos en Madrid... un huevo duro al que obviamente no hice mucho caso. Era una mesa de dos sillas, para dos personas. Desde donde estaba ubicado, parecía que la pantalla de uno de los televisores estuviera ahí acompañándome a la mesa... ocupando ese otro lugar. Menudos invitados me acompañaron al almuerzo. Hoy he almorzado con Madonna y Ricky Martin. La diosa del pop y mi compatriota -que ya hizo vibrar al Monstruo en la Quinta Vergara- fueron testigos del matrimonio entre mis tripas sinfónicas y aquel plato exquisito (y nutritivo, ¿eh, Alana?) Me atraqué la comida al son de Ricky, Tommy Torres y La Mari, tomé mis bártulos y partí de regreso a la universidad.

Otra vez, como ya casi es costumbre, llegué demasiado temprano... pero da igual, así me di tiempo de encontrar un espacio mío en la facultad. Siempre me ha gustado hallar un lugar donde estar solo... en la iupi tuve varios: la biblioteca de Humanidades, la Rotonda, los árboles de la entrada principal, etcétera, etcétera, etcétera... En la UC, es el salón de alumnos de Comunicación. No encontré mejor sitio para estar traqnuilo que ese espacio con cuatro mesas, seis televisores -cada uno sintonizado en un canal distinto- y una luz natural espectacular que se cuela desde arriba. Ahí estaba mi sitio... lo reconocí, me reconoció, fue mejor que un encuentro familiar en el show de Marcano. Sus sillas me acogieron por una hora más, mientras me devoraba El Mercurio en un intento por comprender lo más posible este país que ahora llamo "casa".

Cuando dieron las 3, nos movimos a otro salón. En lugar de una mesa gigante y cuadrada, allí lo que hay son computadoras. Modernas, negras, igualmente cuadradas. Antes de entrar, y tras ojear el prontuario de este curso, pensé que sería una clase aburridísima. Como suele ocurrirme, la primera impresión acabó por abofetearme y hacemre cambiar de opinión. Es un encuentro ameno, divertido y sobre todo lleno de elementos que no necesariamente son periodísticos. El concepto del curso es enseñarnos a contar historias. Lo imparten cuatro profesores distintos y el primero -que por mi madre que es el gemelo perdido de Roberto Benigni- centró toda nuestra atención en cómo se cuenta bien una historia. Fuimos desde Freud, hasta Roland Barthes... culminamos con un autor catalán de nombre Quim Monzó, que al parecer se colocará entre mis favoritos en la zona pantanosa de la cuentística. Pero, según el profe, cuyo gemelo aparece aquí al lado, nosotros habremos de salir de allí con la misma capacidad para contar bien un relato... con las destrezas para llamar la atención de quien nos lee. Espero que así sea.

Lo deseo con la misma intensidad con que anhelo aprovechar
cada milésima de segundo que dure esta experiencia. Porque ya no sólo se trata de que Santiago y yo podamos convivir, sin de que este edifico gris, con un Jesús de brazos abiertos en su cumbre, se convierta en pasaje a otro lugar. A un universo donde pueda hacer algo con lo que sé... porque, después de todo, de eso se trata... de la universalidad que hay tras esas paredes, de los mundos que habitan esa estructura, de los que viven ahí y de los que haré nacer con este nuevo desafío...

6 comentarios:

Maria Leon-Lebron dijo...

pablo: que hermosa tu primera experiencia. espero todo te siga saliendo bien. voy a ti. todo lo que te has propuesto lo has logrado sigue asi. exito y suerte pa lante.

Anónimo dijo...

¡PQABLO

Qué chévere! En hora buena. Si no fuera por las muchas primaveras vividas...y la presencia del otoño... a la verdad que da deseos de volver a estudiar, esto lo causa esa descripción tan maravillosa de tu primer día de clases. ADELANTE...
TITI LUCY

Anónimo dijo...

Keep focused, and please make of this walk your journey to greatness. You are the best! ;)

Anónimo dijo...

¡Que emoción por tí!, te quiero mucho, mucho mucho éxito..

Alana

Boca Roja dijo...

Teresa Fendi de la Cruz no estaría nada feliz...

universo 16 de marzo... después de esto

Iliana Fuentes Lugo dijo...

El pequeño universo en el que aprendes día a día es sólo una pequeña porción del que te espera. Con todo lo que eres y lo que sabes tienes ya un gran espacio en ese universo. Te quiero mucho paaaaabzzzzzzzz. Abrazos pipiriperos